Oretania.es · El 14 de febrero siempre es día de uno de los paisanos más ilustre que ha venido al mundo en Almodóvar del Campo. La población ciudadrealeña compartía este domingo la fiesta grande de Juan Bautista de la Concepción, santo reformador de la Orden Trinitaria. Todo un referente de misericordia que debe servir de modelo en la actual Cuaresma del presente Año católico de la Misericordia.
Así lo ponía de manifiesto el párroco Juan Carlos Torres, durante la solemne función que ofició junto al sacerdote ruandés Deogracias, en un templo de La Asunción lleno de público. Entre los asistentes, el alcalde y demás miembros de su equipo de Gobierno y la nueva directiva de la Hermandad de lo Santos que encabeza Isabel Fernández del Río. Exquisita, una vez más, la interpretación del coro parroquial y particularmente la del himno al patrón, con el acompañamiento del resto de asistentes.
En su homilía, Torres ponía el acento en la necesidad que tiene todo cristiano de aprovechar estas fechas del calendario eclesiástico para posibilitar la renovación espiritual y personal que todo cristiano necesita, con vistas a vivir con la mayor hondura los acontecimientos que se reviven en la próxima Semana Santa.
Y por eso se refirió al santo almodovareño, indicando que su afán de renovación como el que redefinió la orden a la que pertenecía, no la hizo con afán de generar heridas entre quienes a ella pertenecían, sino, más bien al contrario, con miras de futuro para mejorar el sentido de la misma y crecer de una mejor manera en la fe hacia el Señor a través de la imagen que entraña Cristo crucificado.
También puso de relieve el puente perfecto que san Juan Bautista de la Concepción representaba entre lo místico y lo ascético y cuya humildad y cercanía al pueblo también llegó a encandilar a otros personajes coetáneos.
Al término de la eucaristía, los presentes tuvieron la ocasión un año más de venerar la reliquia que estuvo presidiendo toda la ceremonia de mediodía, bajo el magníficamente iluminado artesonado del templo parroquial.
En el exterior, si el cielo se fue despejando de la llovizna que había, lo cierto es que el viento no hacía presagiar la mejor de las tardes. Pero la meteorología se contuvo finalmente y pudo salir a las calles la procesión, en la que el santo acaba recalando en la capilla de la casa donde vino al mundo el 10 de julio de 1561.
El tiempo atmosférico, el cansancio tras una multitudinaria noche previa de disfraces de piñata en la localidad o la disputa de partidos de fútbol de los grandes de la Liga de los que tantos vecinos son aficionados, bien pudo ser la causa que restara concurrencia a la procesión. Entre las autoridades presentes, además de las religiosas y los miembros del equipo gubernativo, cabe citar la de integrantes del grupo municipal socialista.
Con la misa de tarde, tras la entrada del santo, se ponía el punto y final a un ciclo intenso en honor al patrón, con novena y triduo predicado por el provincial Pedro José Huerta y el también padre trinitario Manuel García. Y los vecinos, en la noche de vísperas, celebran la penúltima candelaria del ciclo invernal.